miércoles, 8 de octubre de 2014

14 cosas de ellos… para salir corriendo

Llevaba tiempo pensando qué escribir en mi blog. Pasan semanas, meses. Sin nada atractivo en el panorama, casi me olvido del tema. Ando escribiendo mi segundo libro y muchas cosas se atraviesan en el camino. Para qué esclavizarme con un blog, __me digo para consolarme.  Pero la idea está ahí, aguijoneándome... hasta que de pronto hoy, en una tarde lluviosa, ya de regreso a mi hogar después de un idílico y corto viaje que hice con mi esposo a NY, encuentro en Yahoo algo con lo que me conecto. Reflexiono y escribo al tiempo. 

Este es el resultado:

No pretendo ser consejera sentimental, pero si de algo sirve la experiencia quiero compartir con mujeres y hombres por igual, las mías, las que he vivido a lo largo de mi vida y a través de mis relaciones afectivas con hombres de diversos tipos (no todos malos) que oficiaron de maestros y a quienes les estaré eternamente agradecida por lo que me aportaron.
Hoy, ya adulta, plantada en mi madurez y felizmente casada, no deja de sorprenderme lo inequitativas que siguen siendo las relaciones de pareja, lo desventajosas que son para las mujeres no porque seamos víctimas, sino por la manera tan torpe en que nos relacionamos con los hombres. Desde la vulnerabilidad, desde la carencia, desde la perspectiva de endilgarles a ellos la responsabilidad de hacernos felices a cualquier precio: Ello implica tener que comprendernos, descifrarnos y sobre todo, amarnos con nuestro fardo de cocos a cuestas, ese fardo pesado y añejo de traumas, conflictos irresueltos y tristezas de la infancia.
Ya es hora de que lo reconozcamos: las mujeres solemos tratar de compensar con el hombre que elegimos como pareja al padre ausente. O al maltratador, al abusivo, al indiferente. Y eso, créanme, tiene que resultar demasiado abrumador para alguien que al igual que nosotras, viene con su propio fardo cargado de desolación. Porque los hombres ¡también tienen sus propios cocos!, sólo que en su caso, el manejo que le dan a las desdichas que pueblan esos primeros años de cualquier individuo sea quizás más estoico, más valeroso. Para el hombre matar sus cocos, o espantarlos, se torna en un asunto estrictamente personal.
El hombre que sufre abuso infantil o que en su niñez experimenta cualquier carencia o circunstancia traumática no espera ser salvado en el futuro por nadie, mucho menos por mujer alguna. No ve en el matrimonio o en la relación de pareja su tabla de salvación, su escape ni la luz al final del túnel.  Sus conflictos del pasado constituyen por lo general una cuestión a superar por sí mismos, una cosa penosa de la que jamás hablan, un secreto oculto en el más oscuro rincón de la conciencia, algo de lo que si cuentan con suerte, se encargará la vida,  y “sanará” la plata, el poder, el reconocimiento, el éxito…
De parte nuestra la cosa es distinta. Vemos en cada prospecto de pareja una suerte de Mesías que vendrá a borrar el dolor de nuestras vidas. Y para lograr esa felicidad idílica de la que dan cuenta los comerciales de Coca Cola, de bancos y medicina prepagada, para consolidar el status de esposa y madre de hogar estamos dispuestas literalmente a todo, incluso, a hacer lo que ellos no nos han pedido, como liberarlos de su rol de líderes de la familia al asumir el papel de una madre castradora, esa que cree que el chico jamás podrá apañárselas solo y por eso lo mantiene y hasta le combina la ropa que debe usar cada mañana para irse al trabajo. Lo mejor, o tal vez peor de todo, es que ellos se acomodan… hasta que otra les cambia la película y los hace sentir de verdad, importantes, capaces, ¡hombres!
Formas de sumisión al hombre y de velado maltrato del hombre hacia la mujer hay tantas, tan  diversas y sutiles, que no es al final eso lo que me sorprende. Me sorprende en realidad que en pleno siglo XXI esas conductas ya habituales hayan sido infundidas, auspiciadas y perpetuadas nada menos que por nosotras, las mujeres.
A propósito del tema, encontré en la web un artículo sobre 10 cosas que impulsan a las mujeres a romper con sus parejas de cuya lectura surgió esta lista (mía) agrandada y personalizada. Mi ejercicio lo hice con conocimiento de causa (a partir de tanta prueba y error). Por eso para mí no  sólo se constituye en 14 razones para romper con un hombre, sino en sólidos motivos para ni siquiera contemplar la posibilidad de tener una relación con él.  ¡Corre!   


1. Coquetea con tus amigas: se quiere ir de levante con ellas y se comporta demasiado atento, demasiado interesado, demasiado encantador, como el perfecto seductor. 
2. Es un tacaño: No hay peor mata pasión que un tipo mezquino. Para mí la tacañería no está asociada a no tener suficiente dinero, es algo que forma parte de la esencia de la persona. Hay hombres pobres que son espléndidos y hombres ricos que son miserables.  Pero la tacañería tanto como la generosidad, se manifiestan en todos los ámbitos de la vida. El hombre tacaño es mezquino no sólo con la plata, también lo es con los cumplidos, con las caricias, con los detalles y hasta en la cama.
3. Se la pasa hablando de sus exs.
4. Es un mirón incorregible: cualquier falda lo distrae.
5. No es (o dejó) de ser atento: no te hace sentir especial ni es caballero contigo.
    6. Es indolente: no le preocupa o parece no importarle el que sufras o te sientas abrumada por algo; tampoco está dispuesto a hacerte favores por simples que parezcan.    
    7. Es demasiado infantil: quiere hacerse el chistoso siempre, o se la pasa pegado a los videojuegos. 
    8. No tiene intereses en común contigo: ejemplo: a ti te gusta rumbear todos los viernes y él detesta el baile. El adora los museos y tú los encuentras aburridos. Él es demasiado profundo y tú eres demasiado superficial.
    9. Te asfixia: con celos infundados y reclamos permanentes sobre con quién hablabas, a dónde fuiste y por qué te divertiste sin él. Quiere estar pegado a ti como perrito faldero. O en su defecto, marcándote el paso a punta de llamadas y mensajes de texto.
    10. Es un controlador: opina todo el tiempo sobre cómo debes vestirte, maquillarte, hablar…  cómo debes gastar tu plata y hasta sobre tus asuntos de trabajo. Quiere que vivas tu vida y tomes tus decisiones basada en sus reglas.
    11. Es ofensivo: no puede hacerte un reclamo sin la falta de respeto o la ironía. Te critica en todo momento y por cualquier cosa, o te ridiculiza frente a los demás.
      12.  Es un agresor pasivo: a todo lo que le pides te dice que sí y termina no haciéndolo o haciendo lo que le viene en gana. Pero también es el que te ignora, el que te hace sentir que para él eres un cero a la izquierda o que cualquier mujer es mejor que tu.
     13. Es castigador: cuando tienen un problema su mecanismo de defensa es castigarte con un hermetismo y una indiferencia de témpano.
14 No comparte tus mismos valores. Pueden no tener las mismas creencias, pero los valores son innegociables.  

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